¿Es posible romper las normas y que la industria te adore? ¿Crear exquisitas prendas ‘demi-couture’ y vender en internet?  Mirando a Alejandro Gómez Palomo, creador de Palomo Spain, la respuesta es sí.

POR ELENA CASTELLÓ

Alejandro Gómez Palomo (Posadas, Córdoba, 1992) lo tenía muy claro desde que era un niño: lo suyo era «hacer vestidos». Le encantaba coserlos para las muñecas barbies que coleccionaba y para todos los amigos, vecinos y familiares que se le pusieran a tiro. «Me pasaba el día haciendo bocetos y dibujando. Todo lo que fuera jugar con la ropa y disfrazarme me encantaba. Si me preguntaban, decía que iba a ser diseñador de moda».

Lo que podía haber sido una rareza sin más, se mostró con el paso del tiempo como el germen de una creatividad imparable en la moda y la costura. «En cuanto terminé el bachillerato, me fui a estudiar a la London School of Fashion».  Y, de esa capacidad creativa surge, a su vuelta a España, Palomo Spain, hace año y medio, una empresa de moda masculina pionera, cuyas colecciones fascinan en los círculos más prestigiosos de la moda internacional. Este mes de enero sus creaciones desfilarán en la Semana de la Moda de Nueva York.

El origen de la empresa y la marca fue la colección de seis looks que presentó como trabajo de final de carrera: inspirados en su infancia andaluza, la luz del sur, los bordados tradicionales, los mantones de manila, las sedas, sus diseños de cuellos barco, mangas abullonadas y calzones renacentistas fascinaron y empezaron a circular en redes sociales. «Regresé a España, a mi pueblo, y la respuesta de la gente me sorprendió muchísimo», relata. Recibió un correo del equipo de la mismísima Carine Roitfeld, de Nueva York, interesándose por lo que estaba haciendo.El apóstol de los volantes para el hombre 3La propuesta de Alejandro Gómez Palomo está inspirado en su infancia andaluza: bordados, mantillas, sedas, mantones…

 

Había recibido también propuestas para trabajar en algún gran grupo español de moda low cost. «Pero, me dije, voy a hacer lo que sé, lo que me gusta, porque parece que es bueno… Me monté un pequeño taller en Posadas, mi pueblo, y empecé a tratar de presentar mi trabajo».

Así nació Orlando, su primera colección, inspirada en el famoso personaje de Virginia Woolf, que presentó en Madrid, coincidiendo con la Semana de la Moda, en febrero de 2016, en un piso palaciego del centro decorado por la interiorista María Lladó. Piezas masculinas de sastrería y telas exquisitas con elementos y cortes tradicionalmente femeninos, como escotes con la clavícula al hombro, colas, volantes, mangas francesas… Fue un gran éxito. Entonces llegó una invitación a la Semana de la Moda de Moscú. «Allí fue una gran revolución, un acto casi más político que comercial». En Nueva York, surgió la propuesta de comercialización de Open Ceremony, la gran multimarca global con sede en Nueva York , Los Ángeles y Londres.

La segunda colección se presentó el pasado 17 de septiembre, en Madrid, en el Museo Lázaro Galdiano. El fenómeno ha crecido en apenas año y medio, a pesar de que su propuesta no es fácil.

«Soy de los que salen fuera a buscar al público. Se me da bien vender»

Quizá sea esa la clave: la libertad, la frescura, la honestidad creativa para un público ávido de la moda de verdad y cansado de las operaciones puramente comerciales de un sector que está redefiniendo sus ritmos de producción y sus códigos de atracción.

Es una moda masculina, no agénero ni gay. «La esencia de mis creaciones es responder a una necesidad que he visto, de poder disfrutar de la ropa sin tapujos ni ataduras y de poderte apropiar y adueñar de códigos de moda que tradicionalmente han sido femeninos o quizá no lo eran en el siglo XVIII, pero hoy sí lo son, y donde prima la costura y el trabajo a mano –explica Alejandro–. La inspiración puede venir  del dandismo de los años cuarenta o de la cantante Cher en los años setenta. No tengo ningún tipo de limitación en ese sentido».

¿Y cómo se vertebra el negocio partiendo de una creatividad tan libre? «Bueno, hay que adaptarse a la realidad. Yo lo veo de una forma natural, porque las colecciones, junto a su lado más extravagante y creativo, se componen de piezas únicas con un espíritu muy ponible».

El apóstol de los volantes para el hombre 1Su primera colección, Orlando, se presentó en Madrid a principios de año. Esa propuesta le sirvió para llegar a Nueva York y Moscú.

 

Pero Alejandro no reniega del espíritu emprendedor. «Mi padre tiene una empresa de telecomunicaciones y yo he bebido de esa mentalidad emprendedora. No se me dan bien los números y esa parte la lleva otra persona. Yo soy de los que salen fuera a buscar a mi público, se me da bien vender».

El debate entre lo exquisito y lo comercial no existe. La creatividad está en saber llevar lo que uno crea a quien puede apreciarlo. Ese es quizá el secreto de Palomo. «Tu público no siempre es el mismo, igual que tú mismo no te vistes igual todo el tiempo».

Su tienda www.palomospain.com estará lista en las próximas semanas. Su ropa, de momento, se distribuye en establecimientos multimarca de Madrid a Tokyo, mientras la factoría está creciendo en Posadas, en un tradicional cortijo blanco. Allí trabajan costureras, bordadoras y patronistas de toda la vida. La inversión, hasta el momento, procede de la familia.

«Veo que lo difícil en España no es la industria, es que la gente acepte una propuesta distinta. Lo que falta no son fábricas o profesionales, que son muy buenos
–muchas marcas de lujo fabrican aquí–, sino una cultura de la moda. Fuera de España, la gente joven ahorra y se compra una buena pieza, pero aquí, con ese mismo dinero, prefiere comprarse 20 cosas low cost». Y si hay una cosa que tiene clara es a quién le gustaría vestir: «A Brooklyn Beckham. Lo demás ya se irá viendo…».


MASCULINO SIN LÍMITES

Palomo no admite etiquetas (gay, ‘agender’), simplemente porque diseña para quien disfruta de la moda sin más. Muchas mujeres le toman prestados sus diseños y los hombres adquieren sus chaquetas como un tesoro de exquisitez e imaginación. 

Patronaje masculino con elementos femeninos

«Diseño para ese chico que es un apasionado de la moda, que no tiene prejuicios, y que quiere disfrutar un vestido bordado, drapeados, volantes, frunces o los hombros y la clavícula al aire –explica–. Siempre respetando las formas masculinas, aunque con elementos de patronaje femenino».

Su segunda colección, lanzada en septiembre ha sido el espaldarazo definitivo a su propuesta. El apóstol de los volantes para el hombre 2